28 de diciembre de 2011

Nuestra batalla de Spicheren (1870)


Hay ocasiones en que una simulación con miniaturas deja de ser un "juego" para convertirse, con un poco de imaginación, en un reflejo del cruel rostro de la guerra. Y este ha sido el caso de la batalla que representamos el pasado 17 de diciembre, Spicheren, que aconteció en el marco de la guerra franco-prusiana de 1870-1871.

En este conflicto cristalizaron muchos de los avances en el campo armamentístico desde las guerras napoleónicas. Así, se desarrollaba el fusil de retrocarga, como el excelente fusil de aguja Chassepot francés, de ánima rayada y gran alcance, o la Mitralleuse, precursora de las actuales ametralladoras. La artillería también experimenta un desarrollo importante, siendo los cañones alemanes Krupp una buena muestra. De excelente precisión y largo alcance, permitían el tiro parabólico, siendo un precedente para los bombardeos de posiciones enemigas. En definitiva, toda una serie de adelantos que hacían la guerra muchísimo más cruenta y letal de lo que había sido hasta ahora. Se podría considerar, de hecho, a la Guerra Franco-Prusiana como la primera guerra contemporánea, ya que las tácticas napoleónicas quedarán ya obsoletas, barridas de algún modo por la tecnología.

Nuestra batalla de Spicheren pretendía reflejar de algún modo estas características, con lo que dotamos, como regla de escenario, a los cañones de un mayor alcance y posibilidad de disparar por encima de tropas propias. Junto a eso, se aumentaban las distancias de disparo de los fusiles y se contemplaba la columna volante como formación de combate por excelencia. Otra peculiaridad del escenario era que el desplazamiento de tropas entre un punto y otro se realizaba mediante ferrocarril, con lo que resultaba muy dinámico el llevar unidades hacia los puntos más complicados. En definitiva, el escenario prometía una tarde de acción.

Sin embargo, el regusto que me dejó esta batalla, pese a pasarlo estupendamente, rebasó en cierto modo el espíritu del juego para hacerme pensar en lo que subyace tras cada escenario que representamos. 

Mejor me explico. 

El comienzo de la batalla se situó sobre una zona en disputa entre nuestras posiciones francesas, en torno a un pequeño pueblo y una zona de abastecimiento de carbón y las líneas prusianas. En una estrecha franja de terreno se inició una carnicería de una envergadura que pondría los pelos de punta. Mientras que nuestras unidades eran batidas constantemente por las baterías prusianas y las bajas comenzaban a hacer mella en algunas unidades, los prusianos se ponían en su avance a tiro de los mortales Chassepot y de nuestra artillería, que también hicieron terribles bajas a su avance. La verdad es que por un cochino trozo de tierra, un objetivo menor, por decirlo de algún modo, caían soldados por doquier. Las unidades perdían su cohesión en cuestión de minutos y todo por conseguir controlar la dichosa zona de carbón que, para más disparate, tras haberla conseguido, los prusianos tuvieron que desguarnecerla, agobiados por los disparos de artillería y fusilería que se concentraban sobre ellos. 

Por nuestra parte, y tratando de arrebatar la ventaja obtenida por nuestros adversarios, decidimos enviar algunas unidades para reconquistar la carbonera... La primera unidad que consiguió poner un pie sobre el objetivo fue eliminada en tan solo un turno, al caer sobre ella toda la fuerza de los Krupp prusianos. ¡Dios mío!. Si trasladáramos eso a la realidad, en tan sólo media hora habrían muerto o desaparecido toda una unidad de aproximadamente 1.200 o 1.600 hombres. La verdad es que me quedé un poco traspuesto al darme cuenta de la barbaridad a la que había asistido... Y creo que después de eso, todos replanteamos la situación. Poco a poco, tanto nosotros como los prusianos íbamos retrocediendo hacia donde fuera que se estuviera fuera del alcance de los terribles cañones.  Pese a ser un juego, quizá en la realidad el espectáculo que debía ofrecerse sería bastante siniestro. Una zona destrozada, llena de cadáveres y cráteres de obuses, humo, lamentos, vacía, vacía... mientras que las tropas de cada bando, asustadas y aterrorizadas por lo presenciado, se miraban desde posiciones seguras, temiendo que les ordenaran avanzar en cualquier momento. 

Llegados a ese momento, la batalla en realidad tenía pocos visos de ganarse por nuestro bando, ya que sólo obtendríamos la victoria enfrentándonos a los prusianos y consiguiendo hacer más bajas que ellos a nosotros. Una apuesta de sangre en la que no teníamos las de ganar. Tras mantener la dignidad unos turnos más, finalmente decidimos abandonar, ya que no había necesidad de que muriera más gente.

Y es que en más de una ocasión no debemos olvidar que hacemos recreaciones acerca de algo que es serio, cruel y mortal. Hemos de ser conscientes de ello. Se que me gusta lo que hago, que es un juego al fin y al cabo, pero en esta ocasión lo patente de lo real me hizo estremecer.