25 de febrero de 2009

La guerra entre Roma y Pirro en nuestro club


Como anunciaba en la anterior entrada, la batalla del mes de marzo corresponderá a Antigüedad. Dejaremos en reposo los mosquetes un tiempo para dar paso a los cortantes filos de los gladii y a las aceradas puntas de las picas, mientras los barritos de los elefantes suenan cercanos y los arqueros cretenses rellenan sus carcajs con su mortífera carga. En esta ocasión, visitaremos un período muy interesante, a mi modo de ver, ya que es un preludio de lo que luego serán las llamadas Guerras Púnicas. Por primera vez, un ejército romano se enfrenta a un organizado ejército helenístico, como es el de Pirro del Épiro. El romano cruzará por vez primera sus espadas cortas y sus pila con las largas picas de la falange de corte macedónico, a la vez que conocerá por vez primera el terrorífico impacto de los elefantes de guerra.

Pero, ¿cómo se produce la guerra con Pirro?.

Nos encontramos a finales del siglo III a.C., en un momento en el que Roma comienza a tener bajo control a las diferentes étnias centroitálicas, tras tres duras guerras contra los pueblos samnitas que habían mantenido a la incipiente potencia mediterránea ocupada desde mediados del siglo IV a.C. La península itálica, a grosso modo, se configura así en varias áreas de influencia bien diferenciadas:

Por un lado, el Lacio y la mayor parte del territorio central de Italia, controlado por Roma; por otro lado, las tribus de itálicos que aún permanecen fuera del control romano, como los lucanos del sur, o los galos del norte de los Alpes, pueblos no itálicos, celtas muy belicosos que vienen siendo la pesadilla de los romanos desde el s. IV a.C (recordemos el saqueo de la ciudad por Brenno en el 390 a.C.).

Junto a éstos, encontramos en el sur de la bota y en Sicilia a las ciudades estado italiotas como Tarento o Thuros, griegos asentados en territorio itálico que también pugnan por sus porciones de influencia entre sus vecinos. A este cóctel hemos de añadir la presencia cartaginesa en la mitad oeste de Sicilia, ejerciendo igualmente su control sobre amplias zonas comerciales. Con todo ello tenemos un mosáico de culturas que chocan entre si y del cual parece que sólo puede desembocar en un conflicto, máxime cuando Roma continúa con su afan expansionista tras acabar con la resistencia samnita.

El foco del conflicto tiene lugar pues en el sur de Italia, en lo que se conoce como Magna Grecia. Entre las ciudades griegas, mucho más evolucionadas que el resto de Italia, ninguna ha conseguido aglutinar a las demás y hacer un estado fuerte entre la Magna Grecia y Sicilia, con lo cual resulta muy difícil contener a los vecinos pueblos itálicos (lucanos, brutios mesapios o samnitas) o a los cartagineses de Sicilia. Por ello, algunas ciudades griegas vieron a Roma como un posible aliado para frenar a estos pueblos que les amenazaban. Éste resultó el caso de Thurios, cuyos habitantes acudieron a Roma solicitando ayuda contra los lucanos. Los romanos enviaron una guarnición a la ciudad en el 282 a.C. así como una flotilla por mar en su auxilio.

Esta acción sería el detonante para que Tarento, una ciudad que pugnaba por ser la potencia de la zona, se sintiera ofendida y molesta, máxime cuando los barcos romanos aparecieron por sus aguas. En el 303 a.C. Roma había firmado un tratado con esta ciudad por el cual se comprometía a no navegar más allá del cabo Licino, a la entrada del mar Jonio, y ésto era una verdadera provocación, así como una ruptura del tratado. Parece que los romanos no tomaban demasiado en serio sus tratados, ya que una situación parecida la encontraremos como detonante de la Segunda Guerra Púnica (¡Vaya unos tocapelotas!).

La flota fue hundida y la guarnición obligada a abandonar la ciudad. Roma era así atacada y tenía un buen motivo para meter sus ejércitos en la Magna Grecia...

Alrededor de Tarento se reunieron los grupos enemigos de Roma, como lucanos, samnitas, etc... Sin embargo hubo un elemento nuevo. Tarento solicitó la ayuda de Pirro, rey del Épiro, en su lucha contra Roma y éste aceptó prestar su ayuda, pensando en emular la hazaña de Alejandro pero en occidente. Así en el 280 a.C. Pirro desembarcaba en Tarento con todo un potente ejército helenístico, en el que figuraban las falanges, los mercenarios griegos, arqueros cretenses, peltastas y un arma hasta ahora desconocida para los romanos: los elefantes.

El primer encuentro entre los dos ejércitos tuvo lugar en Heraclea, ese mismo año y se saldó con una victoria de los epirotas, aunque por un margen escaso y a costa de las bajas de muchos de sus oficiales. Un siguiente encuentro en Ausculum (279 a.C) también se decantó por los griegos, pero no constituyó una derrota decisiva. Pirro, viendo que no fructificaba su aventura italiana, solicitó un tratado por el que abandonaba Italia y pasaba a Sicilia, en un vano intento de tomar un imperio por otro lado... Resultó un chasco y volvió de nuevo a Italia, donde ésta vez el triunfo se decantó por los romanos en la batalla de Beneventum. Viendo sus esperanzas truncadas, volvió a Épiro amargado y desilusionado, dejando a Tarento en manos de los romanos, quienes finalmente la tomaron en el 272 a.C. La Magna Grecia comenzaba a estar bajo la bota romana...



En este contexto nos moveremos para la próxima batalla. Los equipos están ya sorteados. Por el lado romano tendremos a Manuel, Juan, Manolo, Jose y Vicente y por parte de los epirotas estarán Javi, Frank, José Luis y José Antonio. Estoy acabando de preparar las reglas de escenario y pronto transmitiré a mis compañeros la disposición de tropas y reglas específicas. Estoy acabando de pintar una legión de romanos que me faltaba y espero esta semana que viene pasarme por el club y montar el escenario conforme toca.

Espero que la época os guste y podamos recrear alguna batalla más, ya que es un período que tiene muchísimas batallas, con gran colorido y gran variedad de tropas. Pronto pondré fotos de las miniaturas que entrarán en juego.

Un saludo a todos.

16 de febrero de 2009

Balaclava o el ocaso de las aspiraciones rusas

Columnas rusas

Como íbamos anunciando, gracias a las colaboraciones de mis amigos Falco y Manuel, este pasado fin de semana celebramos en el club la recreación de la batalla de Balaclava. En ella, los aliados ingleses, franceses y turcos se enfrentaban a los rusos por la posesión de una salida al Mar Negro, en este caso por Sebastopol, en la península de Crimea, en una batalla muy interesante de un período que no resulta demasiado habitual en nuestro club, aunque no por ello es menos atractivo.

Se trata de un período posterior a las guerras napoleónicas que está plagado de campañas y conflictos que tienen un especial interés porque son herederos directos de las guerras napoleónicas, pero contienen los suficientes rasgos distintivos como para tratarlos de modo diferente. Ejemplo de estos conflictos pueden ser esta misma Guerra de Crimea, dentro del juego de alianzas imperialistas europeas, o las guerras en las colonias africanas, o nuestras Guerras Carlistas o la Guerra Franco-Prusiana. En alguna ocasión hemos presentado alguna batalla de esta época. Mayormente hemos jugado a las Guerras Carlistas, ya que requiere menos plomo y principalmente gracias a la colección de Manolo, tenemos casi de todo.

Sin embargo, para Balaclava, el esfuerzo ha sido de Juanjo y de Frank, que han reunido sus miniaturas y han adquirido nuevas para la ocasión. Han pintado y preparado nuevas unidades para un período que promete dar más juego. La batalla ha sido orquestada por Juanjo, que dispuso el terreno de juego y puso las reglas especiales de escenario. Por cada bando estábamos Vicente, Frank, Manolo, Javier y Phil como ingleses, franceses y turcos; y Manuel, Jose, José Luis, José Antonio y yo como rusos.

Así pues, una vez que estaba ya todo dispuesto, se establecieron a lo largo de la semana los planes de batalla. Nuestro comandante en jefe, en esta ocasión Manuel, nos informó de cual podía ser la estrategia a seguir. En ella se proponía que en una primera fase las tropas de José y José Antonio atacasen el primer reducto y el pueblo de Kamara respectivamente, para luego establecer una finta alrederor de las alturas de Hiblak para mantener ocupadas a las posibles tropas que se hallasen allí.

Panorama de la batalla


José Luis tenía como objetivo primario el ataque a los dos reductos siguientes, mientras que yo protegería ambos flancos de su ataque con la caballería.

Manuel y sus tropas se encargarían de mantener ocupados a los franceses en caso de que tuviesen idea de bajar de sus posiciones, a la derecha de nuestras posiciones.

Primera fase del despliegue

Con posterioridad a la toma de los reductos, de los cuales no había mucha duda de que cayeran, sino más bien de cuánto aguantarían, la fase siguiente consistía principalmente en que las columnas de José Luis se dirigieran hacia el centro, buscando cortar la línea de comunicación con Balaclava, tomando Kadikoi y apoyado por mi caballería, mientras que Jose y José Antonio atacaran si era posible las alturas de Hiblak. Manuel continuaría con su tarea de contención de los franceses en nuestro extremo derecho.

Así previstos los planes, dio comienzo la batalla. Los primeros momentos fueron tensos, mientras nuestras columnas se aproximaban a los reductos ocupados por tropas turcas, piquetes de defensa junto a una serie de baterías que nos aguardaban. No se hizo de esperar el cañoneo. Pronto nuestras columnas comenzaron a recibir disparos, más fuertes a medida que nos aproximábamos. La resistencia fue tenaz por parte de los turcos, que veían cómo sus posiciones eran rebasadas y asaltadas, luchando con gran ferocidad, rechazando incluso y poniendo en fuga a algunos de los asaltantes, para consternación nuestra. Sin embargo, era tan solo cuestión de tiempo que cayeran...

Reductos turcos


Una vez superado el primer escollo, nos disponíamos a proseguir con el plan establecido. En nuestro flanco izquierdo, José Antonio y Jose luchaban por la posesión de Kamara que ofreció una resistencia moderada, pero que en poco tiempo fue abandonada por los aliados. Mientras esto sucedía, el flanco derecho veía cómo los franceses comenzaban a bajar de las alturas, amenazando nuestro avance.

Reductos tomados

Nuestras columnas de centro se pusieron en marcha, cubiertas por la caballería, hacia su objetivo. Sin embargo, pronto aparecieron los problemas. La avanzadilla de la cabalería pesada hacía su aparición. Una batería a caballo comenzó a bombardear a nuestros infantes en su avance, sin causar grandes daños pero entorpeciendo su acción. Fue respondida rápidamente por nuestras baterías que si consiguieron hacer mella sobre esta, causando bajas entre los artilleros británicos. La caballería rusa, viendo que era posible deshacerse rápidamente de esta amenaza, cargó contra ella tras el bombardeo, poniéndola en fuga con celeridad. No obstante, la reacción de los jinetes pesados ingleses no se hizo esperar. Pese a estar preparados para un contraataque, nuestra cabalería tuvo muy mala fortuna y no pudo aguantar con firmeza el choque de los ingleses, que con habilidad y fortuna pusieron en serios aprietos a nuestro jinetes. Gracias a un contraataque de las baterías y fusilería desde lo alto de las colinas, se pudo frenar en gran medida la impetuosa carga británica, sin embargo, el mal ya estaba hecho. El flanco derecho, muy debilitado tras la carga inglesa, flaqueaba y se hallaba expuesto a próximos ataques que, sin duda vendrían.

Desde el flanco derecho las cosas comenzaban a estar apuradas. Los franceses avanzaban y se encontraban con nuestras tropas para contenerlas, sin embargo tropas de caballería conseguían pasar sin ser estorbadas, para acabar amenazando la retaguardia de nuestras posiciones en la colina. El avance de nuestra infantería continuaba, pero debía ser rápido, de lo contrario las cosas se irían complicando cada vez más... Sin embargo, los británicos impedían esta progresión, dificultándola y frenándola. Más aún, refuerzos de caballería pronto hicieron su aparición, al igual que más y más tropas inglesas a nuestra derecha, en lento pero imparable avance. Un nuevo ataque de los jinetes británicos acababa con las aspiraciones de nuestra caballería, dejando un muy expuesto flanco, que intentábamos taponar conforme podíamos. La partida comenzaba a estar muy dura para la Madre Rusia.



El avance en el otro flanco progresaba bien, pero lento. No conseguíamos nuestros objetivos y el tiempo se acababa. Sólo podíamos intentarlo una vez más... Sin embargo, el éxito de la batalla se nos esfumaba en esta ocasión. Los aliados aguantaron bien nuestras cargas, y los refuerzos que se aproximaban, así como el terrible desgaste de nuestros soldados impedían más acciones ofensivas. Así, tras 20 intensos turnos, la batalla se decidía en favor de los aliados. ¡Vaya!

Ha sido una, en mi opinión, batalla muy dura, ya que pese a no cometer fallos de envergadura y avanzar según lo planeado, la resistencia de nuestros contrincantes y la buena fortuna en sus ataques (o mala en nuestro caso, según se mire), nos quitó toda posibilidad de victoria. En fin, a ver si en la próxima ocasión estamos más finos con la fortuna.

La próxima batalla "oficial" la organizaré yo mismo y, cambiando de época, nos trasladaremos a las Guerras Pírricas, del s. III a.C. entre Roma y Pirro del Épiro.

Estoy acabando de preparar las reglas especiales de escenario y pronto pondré en conocimiento de mis compañeros quien será quién en cada caso. La batalla será HERACLEA (280 a.C). Falanges, elefantes, hastati, principes,... Todo el sabor de las guerras de la antigüedad sobre nuestro tablero. Hasta entonces...


12 de febrero de 2009

Balaclava 1854


El sábado que viene celebramos la batalla del mes, que será la de Balaclava (Guerra de Crimea, 1854-1856), que enfrentó a rusos contra ingleses y franceses, y de la que salieron un poco peor parados los rusos. No todos los días se juega una batalla de esta guerra, así que creo que será un poco especial. La batalla ha pasado a la historia porque en ella se produjo uno de esos hechos calificados como absurdos por la historia militar, como fue la famosa carga de la brigada ligera llevada a cabo por poco más de 600 jinetes británicos dirigidos por Lord Cardigan contra el grueso de la infantería rusa, que significó la muerte de muchos de ellos. La inutilidad de la acción, por falta de información y errores en las órdenes, fue incluso motivo de debate en Londres, donde Lord Cardigan tuvo que explicar lo que había ocurrido. Churchill quiso visitar el lugar de la batalla en 1945, cuando se celebró la Conferencia de Yalta.
Nosotros revisitaremos el campo de batalla a nuestra manera el sábado y disfrutaremos de una gran batalla, estoy seguro. Eso sí, como ruso, espero que gane la Gran Madre Rusia y dé una lección a los engreídos ingleses y franceses, ja,ja.

4 de febrero de 2009

Batalla de Tívoli


origen de la imagen

El pasado fin de semana celebramos la partida del mes. Esta vez el árbitro fue Jose Luis y diseño un escenario no histórico ambientado en la época naopleónica a la que llamó batalla de Tivoli.

La experiencia fue bastante positiva y original. Inicialmente los comandantes en jefe fueron los que eligieron a los compañeros de equipo. Generalmente solemos echarlo a suertes o en otros casos es el árbitro el que impone los equipos. Después se pasó el mapa a dichos Comandantes con los posibles objetivos y el orden de batalla. El Comandante debía de asignar objetivos a los diferentes generales. Si los cumplían obtenían puntos. Si en el proceso sufrían bajas se le quitaban puntos.

Otra originalidad. Cada general salía por un sitio y no teníamos ni idea de por donde podía venir el enemigo, ni por supuesto que cantidad y calidad tenían sus tropas. Adicionalmente, en el campo de batalla podríamos encontrar "sorpresas".

La verdad es que salió una partida bastante dinámica y entretenida en el que por un lado se enfrentaron Pedro y Vicente contra Jose y Juanjo por la posesión de un pueblo. Y por otro nos enfrentamos Manolo, Jose Antonio y Vicente contra Fran y yo. Jose aguantó valientemente las embestidas de los rusos y austriacos en el pueblo, mientras que Fran y yo fuimos sistemáticamente machacados por los franceses y españoles. La caballería de Juanjo acabó por dar la puntilla a los austriacos dirigidos por Pedro. En nuestro sector de mi caballería no quedaron ni las herraduras y los británicos fueron barridos por las columnas francesas despues de un último y desesperado intento de romper las líneas enemigas. El bando franco-español se alzó con una victoria merecida.


Para el próximo enfrentamiento Juanjo ya ha diseñado el escenario. Volveran a enfrentarse los franceses, los británicos y los rusos. Pero esta vez será en Balaclava.