Bueno, bueno. Esta ha sido una de las más atípicas batallas que he jugado desde que estoy en Estandarte. No, más bien la más extraña y de más inesperado resultado jugada hasta ahora. En fin, me explicaré y vereis cómo es así.
El sábado 27 de junio realizamos la batalla de Pultusk (1806), con la cual nuestro compañero Jose se estrenaba como árbitro y organizador de una batalla. El enfrentamiento ponía frente a frente a los rusos de Bennigsen y los franceses de Lannes. En esta ocasión los contrincantes éramos, por parte de los rusos Manolo (como Bennigsen), Frank, Juanjo, Vicente y José Antonio; y al frente de los franceses, Manuel (Lannes), José Luis, Javi y un servidor.
Según se había preparado la batalla, la verdad es que pintaban bastos para los imperiales, ya que los objetivos que se habían concertado para la obtención de una victoria francesa eran francamente difíciles: o tomábamos Pultusk (algo que directamente descartábamos, ya que nuestro número de tropas era escaso), o conseguíamos cortar la carretera que llegaba a la ciudad (algo también harto difícil de lograr por los mismos motivos).

Según habíamos establecido en nuestro plan, las tropas al mando de Manuel (Suchet) y José Luis (Gazan) intentarían atraer el máximo número de tropas hacia ellos, haciendo creer que se atacaba sobre la ciudad, con el fin de desviar tropas de la zona de Moszyn y permitir que las tropas de d'Aultanne (yo mismo) fuesen a toda velocidad a cortar la línea de comunicación rusa. Mientras tanto, los jinetes de Javi (Treillhard) harían de enlace entre mi división y el resto del ejército, facilitando en la medida de lo posible la acción.
En realidad, creo que ninguno teníamos una seria esperanza de que el plan fuese bien, ya que había mucho ruso y poco francés. Resultaba cuanto menos una batalla difícil de ganar, a no ser que ocurriera un milagro...

Con ello, comenzamos la batalla. Manuel y Jose Luis se acercaban a Pultusk, recibidos por alguna que otra bala de cañón y por la presencia de caballería de Juan, que siempre resulta inquietante. Mientras tanto, la caballería de Javi iba tomando posiciones y atemorizaba a las tropas rusas que se refugiaban en el bosque cercano a Moszyn.

Al cuarto turno (¡¡Tan prontoooo!!, según Frank, que si no protesta por algo revienta) comenzaba a entrar, por la carretera hacia Moszyn, la división de Aultanne, con la intención de enfilar directo hacia la carretera de Pultusk.
Sin embargo, tras unos cuantos turnos de combate en todos los frentes, con cargas de caballería en el centro y ataques sangrientos frente a la ciudad, la situación se estabilizaba de manera que cada vez se nos alejaban más las posibilidades de conseguir objetivo alguno. Mientras que los ataques sobre Pultusk eran rechazados, mi avance se veía frenado, acudiendo más tropas rusas sobre ese flanco, taponando así cualquier posibilidad de abrir un hueco por donde colocar alguna unidad. Vaya, la verdad es que estábamos bastante jodidos. No parecía que fuesemos ya a ningún lado...
Y ocurrió el milagro.
En el turno decimosegundo, un ataque francés desestabilizó el centro ruso, que produjo la huida de varias unidades, dejando a los Granaderos de Paulov, muy castigados ya, en el centro de la acción, sin nadie que les apoyasen.
La siguiente iniciativa podía resultar crítica, y un golpe de fortuna hizo que cayese en nuestras manos el comenzar el turno decimotercero. Junto a la unidad de granaderos había un general. En nuestro reglamento, si una unidad que tiene un general junto a ella es eliminada en combate cuerpo a cuerpo, se asume que el general es cogido prisionero y la división a la que pertenece se desmoraliza.
Pero, ¡ay!, si el general en cuestión es el comandante en jefe, ¡ay, ay, ay!, se acabó todo...
Y, vaya, esto es lo que ocurrió...

Los granaderos de Paulov tenían un general y cuando Javi, con intenciones homicidas, perguntó - "Oye, ¿y éste general quién es?", se generó un silencio como de entierro... La cara de Manolo era un poema. Se trataba del mismo, del mismísimo Bennigsen, allí plantando cara con unos más que maltrechos granaderos que poco podían hacer por defender a su comandante en jefe. Ante ellos, unas unidades de caballería que pretendían cenar bistec de granadero, salpimentado con salsa a la Bennigsen, y que no dudaron en cargar y hacer saltar por lo aires más de una mitra de granadero para acabar cogiendo prisionero al comandante en jefe de los rusos, otorgándonos del modo más inesperado y extraño la victoria en esta batalla.
Bueno y bueno. No nos lo podíamos creer. Dábamos la batalla por perdida y sucede ésto. ¡Qué barbaridad!. Creo que Manolo pasó un momento bastante amargo, pero todos podemos cometer errores en un momento determinado. Con haber retirado a Bennigsen a tiempo, hubieran conseguido ganar, pero no fue así.
En fin. No voy a hacer ningún comentario al respecto, ya que a mi me ha ocurrido alguna debacle similar en alguna que otra ocasión. No me caracterizo por tener una suerte loca, vaya, sino que más bien me persigue (¡con ahínco a fe mía!) el infortunio en las batallas. Pero es la primera vez que veo a Manolo en este brete, y como se lo que es, lo lamento. Sin embargo, me regocijo, porque por una vez, me ha tocado estar en el bando vencedor, y además de este modo tan peculiar.

¡Los franceses vencedores en Pultusk! Aún no me lo creo, señores...
Ahí lo dejo. Que los comentarios de mis compañeros amplíen, según el modo de ver de cada uno, la extraña historia de Pultusk.

El sábado 27 de junio realizamos la batalla de Pultusk (1806), con la cual nuestro compañero Jose se estrenaba como árbitro y organizador de una batalla. El enfrentamiento ponía frente a frente a los rusos de Bennigsen y los franceses de Lannes. En esta ocasión los contrincantes éramos, por parte de los rusos Manolo (como Bennigsen), Frank, Juanjo, Vicente y José Antonio; y al frente de los franceses, Manuel (Lannes), José Luis, Javi y un servidor.
Según se había preparado la batalla, la verdad es que pintaban bastos para los imperiales, ya que los objetivos que se habían concertado para la obtención de una victoria francesa eran francamente difíciles: o tomábamos Pultusk (algo que directamente descartábamos, ya que nuestro número de tropas era escaso), o conseguíamos cortar la carretera que llegaba a la ciudad (algo también harto difícil de lograr por los mismos motivos).

Según habíamos establecido en nuestro plan, las tropas al mando de Manuel (Suchet) y José Luis (Gazan) intentarían atraer el máximo número de tropas hacia ellos, haciendo creer que se atacaba sobre la ciudad, con el fin de desviar tropas de la zona de Moszyn y permitir que las tropas de d'Aultanne (yo mismo) fuesen a toda velocidad a cortar la línea de comunicación rusa. Mientras tanto, los jinetes de Javi (Treillhard) harían de enlace entre mi división y el resto del ejército, facilitando en la medida de lo posible la acción.
En realidad, creo que ninguno teníamos una seria esperanza de que el plan fuese bien, ya que había mucho ruso y poco francés. Resultaba cuanto menos una batalla difícil de ganar, a no ser que ocurriera un milagro...

Con ello, comenzamos la batalla. Manuel y Jose Luis se acercaban a Pultusk, recibidos por alguna que otra bala de cañón y por la presencia de caballería de Juan, que siempre resulta inquietante. Mientras tanto, la caballería de Javi iba tomando posiciones y atemorizaba a las tropas rusas que se refugiaban en el bosque cercano a Moszyn.

Al cuarto turno (¡¡Tan prontoooo!!, según Frank, que si no protesta por algo revienta) comenzaba a entrar, por la carretera hacia Moszyn, la división de Aultanne, con la intención de enfilar directo hacia la carretera de Pultusk.
Sin embargo, tras unos cuantos turnos de combate en todos los frentes, con cargas de caballería en el centro y ataques sangrientos frente a la ciudad, la situación se estabilizaba de manera que cada vez se nos alejaban más las posibilidades de conseguir objetivo alguno. Mientras que los ataques sobre Pultusk eran rechazados, mi avance se veía frenado, acudiendo más tropas rusas sobre ese flanco, taponando así cualquier posibilidad de abrir un hueco por donde colocar alguna unidad. Vaya, la verdad es que estábamos bastante jodidos. No parecía que fuesemos ya a ningún lado...
Y ocurrió el milagro.
En el turno decimosegundo, un ataque francés desestabilizó el centro ruso, que produjo la huida de varias unidades, dejando a los Granaderos de Paulov, muy castigados ya, en el centro de la acción, sin nadie que les apoyasen.
La siguiente iniciativa podía resultar crítica, y un golpe de fortuna hizo que cayese en nuestras manos el comenzar el turno decimotercero. Junto a la unidad de granaderos había un general. En nuestro reglamento, si una unidad que tiene un general junto a ella es eliminada en combate cuerpo a cuerpo, se asume que el general es cogido prisionero y la división a la que pertenece se desmoraliza.
Pero, ¡ay!, si el general en cuestión es el comandante en jefe, ¡ay, ay, ay!, se acabó todo...
Y, vaya, esto es lo que ocurrió...

Los granaderos de Paulov tenían un general y cuando Javi, con intenciones homicidas, perguntó - "Oye, ¿y éste general quién es?", se generó un silencio como de entierro... La cara de Manolo era un poema. Se trataba del mismo, del mismísimo Bennigsen, allí plantando cara con unos más que maltrechos granaderos que poco podían hacer por defender a su comandante en jefe. Ante ellos, unas unidades de caballería que pretendían cenar bistec de granadero, salpimentado con salsa a la Bennigsen, y que no dudaron en cargar y hacer saltar por lo aires más de una mitra de granadero para acabar cogiendo prisionero al comandante en jefe de los rusos, otorgándonos del modo más inesperado y extraño la victoria en esta batalla.
Bueno y bueno. No nos lo podíamos creer. Dábamos la batalla por perdida y sucede ésto. ¡Qué barbaridad!. Creo que Manolo pasó un momento bastante amargo, pero todos podemos cometer errores en un momento determinado. Con haber retirado a Bennigsen a tiempo, hubieran conseguido ganar, pero no fue así.
En fin. No voy a hacer ningún comentario al respecto, ya que a mi me ha ocurrido alguna debacle similar en alguna que otra ocasión. No me caracterizo por tener una suerte loca, vaya, sino que más bien me persigue (¡con ahínco a fe mía!) el infortunio en las batallas. Pero es la primera vez que veo a Manolo en este brete, y como se lo que es, lo lamento. Sin embargo, me regocijo, porque por una vez, me ha tocado estar en el bando vencedor, y además de este modo tan peculiar.

¡Los franceses vencedores en Pultusk! Aún no me lo creo, señores...
Ahí lo dejo. Que los comentarios de mis compañeros amplíen, según el modo de ver de cada uno, la extraña historia de Pultusk.

Comentarios
De todas formas yo no la veia perdida ni mucho menos y creo que el Sr. Rosa tampoco. Ya me extenderé, pero al cambiar a columna las tropas de Vicente el Sr. Rosa y yo nos miramos y teniamos claro que me tocaria a mi cortar la carretera. Cosas de ser pareja ...... de mus.
El Sr. Marron
Dios se le apareció a Treilhard cuando decidió hacer esa carga a partir de ahora famosa.
El relato de Pedro es de los mejorcitos, te has inspirao.
Anastasio
Por cierto, el sr. Rosa casi la caga. Esta semana mi amigo Anastasio relatará los detalles ocultos de una de las mejores partidas del club que no grupo Estandarte.
El Blog de Anastasio.
http://anastasioreturn.blogspot.com/
Hay una frase del ajedrecista Tartakower que dice En ajedrez siempre gana el que comete el penúltimo error. Bueno, pues aquí pasó algo similar.
Como ha explicado Pedro, el plan era atraer rusos hacia el flanco derecho francés y que su ataque por la izquierda prosperase. Pero según fue avanzando la batalla los flancos rusos se fueron reforzando y sin embargo su centro quedó cada vez más débil.
Es probable de todas formas que si no llegamos a capturar a Bennigsen hubieramos sido frenados. No digo que fueramos a perder, pero lo de ganar en los cinco turnos que restaban era realmente complicado. El pueblo era inexpugnable (me costaron mis ligeros y dos batallones y yo sólo conseguí hacer desaparecer un batallón ruso y dos escuadrones el comprobarlo). Y dentro de dicho pueblo aún había 4 batallones y un cañón.
Pedro había sido frenado. Aunque había conseguido destruir la artillería enemiga, tenía dos batallones tocados y había suficientes unidades de caballería rusa como para frenarle.
Krusty cumplió su función de entretener a Manolo y conseguir hacerle bajas en el momento crítico. Pero también sólo disponía de dos batallones y de sus ligeros para intentar realizar el asalto a la carretera con la dificultad de que su artillería posicionada para defender, se encontraba muy alejada para poder apoyar un ataque.
Javier tenía una parte de su caballería tocada pero aprovechó el hueco en el momento oportuno. Si no hubiera cogido a Bennigsen, es probable que habría hecho un gran estropicio, pero su caballería no era suficiente para cortar la carretera. Sólo la infantería de Krusty tenía posibilidades de llegar. Y ya he dicho antes que sólo quedaban cinco turnos, y que los rusos tenían tropas suficientes para taponar. Krusty hubiera necesitado ir a toda velocidad hacia la carretera sin artillería y sólo contando con la caballería de Javi como apoyo. No era imposible, pero si bastante difícil. Las tropas del pueblo podían haber salido y detenerle. Y aunque eso habría debilitado al pueblo, dudo mucho que hubiera sido suficiente como para que yo pudiera tomarlo al asalto con lo que me quedaba y los turnos que restaban.
Era el centro donde estaba la oportunidad gracias al error de Bennigsen y los franceses lo aprovecharon.
Lannes
FRAN a desertado y no puede hacer la batalla de Franco-Prusianos (jugar si que puede pero prepararla no)entonces Juan y un servidor vamos hacer antiguedad,a lo bestia Romanos contra Galos la fecha es la misma 19/07/2009 el que se apunte contactar con nosotros AVE CESAR
MANOLO