Si señor, ya estamos aquí otra vez. De nuevo en la brecha. Vuelta al curro (aaaarrrgh!!), vuelta a la rutina y vuelta a las aficiones. Bueno, no es exactamente así, ya que hay aficiones que van con uno allí donde vaya y pueda. Y así es con el tema de la pintura, ya que en anteriores posts mencionaba que quería pintar esto y aquello durante el verano y ¡Vive Dios que así ha sido!, aún a costa de pegarse uno la sudada padre bajo un toldo en un camping de veraneo, dejándose el culo en la banqueta de playa (todo un clásico del verano pero que, curiosamente, cuando buscas ya no encuentras) y en la mesita plegable.
Todo un reto, amigos míos. Pintura extreme, sólo para valientes. Porque se trata de una actividad, en efecto, un tanto compleja que llevo practicando al menos dos veranos y a mi me cunde, oiga. Es así por varias razones.
En primer lugar, tus miniaturas y pinturas han de ocupar un lugar en el atestado coche, en que acarreas toooodos los bártulos para ir de camping (preciosa actividad por otra parte). En las condiciones en las que cargamos el vehículo, tan sólo eso ya supone un reto.
En segundo lugar, y una vez instalados en la parcela, viene la historia de buscar un rinconcito para tí y tus miniaturas, las cuales he sacado previamente del coche, que llega a alcanzar temperaturas realmente apabullantes, casi con lágrimas en los ojos por verlas sufrir así (sig!). Tampoco es tarea fácil, porque en pleno agosto, la sombra bajo un toldo, por muy grande que pueda ser, es más bien disputada.
En tercer lugar, y una vez que ya estamos perfectamente situados, viene el acto de pintar. Otra situación extrema. Las pinturas se secan con extrema facilidad. Las mezclas de colores aún lo hacen más rápido. Los chorretes de sudor a veces te impiden ver, ya que si estás en plena faena, no te paras a secarte. En fin, un estrés. Sin embargo, tiene un punto muy positivo, y es que estás en paz contigo mismo y con la naturaleza y parientes. Te dejan hacer. Como en el camping, tareas, lo que se dice tareas, no hay, te pasas el día tocándote la gaita y bañándote en la playa, y siempre hay un hueco más o menos largo para aprovechar, desenfundar pinceles y rematar alguna faena. En mi caso, ha sido de lo más productivo. He conseguido pintar dos unidades de caballería bajo imperial romana (una pesada y otra de dalmatae ligeros), así como dos de caballería goda (tambien pesados y ligeros). Aquí teneis algunas fotillos que les saqué a algunas de ellas:


También he conseguido pintar otra figura que tenía pendiente y que ha sido esta la ocasión idonea para hacerlo. El legionario romano con lorica segmentata que compré hace unos meses a escala 54 mm, que no encontraba el momento para comenzarlo. Ya lo tengo en danza. Espero acabarlo pronto, ya que sólo me falta el scutum y el pilum por pintar. La verdad es que habituado a las escalas pequeñas, ha sido un retorno a los orígenes de lo más gratificante. Espero que mi colega de blog Juan, de MiniMundo no se tire las manos a la cabeza, ya que las fotos no hacen realmente justicia. Creo que se me ha quedado bastante decente. Una vez que lo tenga completo, le haré un reportaje fotográfico como Dios manda y lo publicaré. Creo que volveré a pintar algún chicarrón de estos en más ocasiones. Me ha gustado mucho pintar a esta escala y supone un cambio interesante como pintor de miniaturas.
Bueno, seguimos en el meollo, con todos los proyectos por delante (Bajo Imperio Romano y Godos, Austríacos napoleónicos y Segunda Guerra Mundial), más lo que se vaya sumando. Es una locura esto de la pintura...

Todo un reto, amigos míos. Pintura extreme, sólo para valientes. Porque se trata de una actividad, en efecto, un tanto compleja que llevo practicando al menos dos veranos y a mi me cunde, oiga. Es así por varias razones.
En primer lugar, tus miniaturas y pinturas han de ocupar un lugar en el atestado coche, en que acarreas toooodos los bártulos para ir de camping (preciosa actividad por otra parte). En las condiciones en las que cargamos el vehículo, tan sólo eso ya supone un reto.
En segundo lugar, y una vez instalados en la parcela, viene la historia de buscar un rinconcito para tí y tus miniaturas, las cuales he sacado previamente del coche, que llega a alcanzar temperaturas realmente apabullantes, casi con lágrimas en los ojos por verlas sufrir así (sig!). Tampoco es tarea fácil, porque en pleno agosto, la sombra bajo un toldo, por muy grande que pueda ser, es más bien disputada.





También he conseguido pintar otra figura que tenía pendiente y que ha sido esta la ocasión idonea para hacerlo. El legionario romano con lorica segmentata que compré hace unos meses a escala 54 mm, que no encontraba el momento para comenzarlo. Ya lo tengo en danza. Espero acabarlo pronto, ya que sólo me falta el scutum y el pilum por pintar. La verdad es que habituado a las escalas pequeñas, ha sido un retorno a los orígenes de lo más gratificante. Espero que mi colega de blog Juan, de MiniMundo no se tire las manos a la cabeza, ya que las fotos no hacen realmente justicia. Creo que se me ha quedado bastante decente. Una vez que lo tenga completo, le haré un reportaje fotográfico como Dios manda y lo publicaré. Creo que volveré a pintar algún chicarrón de estos en más ocasiones. Me ha gustado mucho pintar a esta escala y supone un cambio interesante como pintor de miniaturas.

Bueno, seguimos en el meollo, con todos los proyectos por delante (Bajo Imperio Romano y Godos, Austríacos napoleónicos y Segunda Guerra Mundial), más lo que se vaya sumando. Es una locura esto de la pintura...

Comentarios
El romano esta bien, pero la foto efectivamente no le hace justicia.
Prometo poner un dia las fotos de mi colección de figuras de 54 de romanos, trece en total y por ahora.
Felicitarte por tus trabajos y por la moral de pintar en verano,todo un acto de valentia.