
Como bien es sabido, en los juegos de guerra hay un factor suerte que suele estar presente en toda batalla. No es tan acusado como en un juego de azar, que cómo bien indica su nombre, lo deja todo en manos de este esquivo elemento, pero si que está ahí.
Por regla general a lo largo de una batalla se producen tiradas de dado favorables y otras menos, tiradas mediocres e incluso fatales, que condicionan tus actuaciones en el transcurso de los turnos de combate. No se por qué, yo suelo tener una suerte bastante irregular, más bien tirando a mala. Sin embargo, me pasa como a los ejércitos españoles en la Guerra de la Independencia, que padecen mucho, pero que siguen ahí, dando guerra. Llamadlo tenacidad, cabezonería o simplemente memez, pero pese a los resultados nefastos, no me rindo.
Y ello me lleva a una reflexión: ¿Se puede actuar sobre este tan aleatorio elemento?. En nuestro caso, como wargamers que somos (aunque no me guste mucho emplear una terminología tan anglosajona), pienso que si. Al menos si se puede amortiguar o asegurar un éxito de un modo aproximado. Evidentemente, una mala tirada es una mala tirada, pero no es lo mismo si reúnes el máximo de factores a tu favor, con tal de mitigar, en caso de que se produzca, un resultado adverso. Eso lo podemos llamar táctica, o al menos, conocimiento de tus potencialidades.
Mejor me explico.
A la hora de mover nuestras unidades, no hay ningún problema. Tan sólo has de saber qué capacidad de movimiento tiene cada una y qué puede hacer en cada ocasión. Sabemos, por ejemplo, que la infantería ligera tiene la facilidad para escapar si prevé una carga enemiga, que sobradamente puede eliminarla, o sabemos que no se puede perseguir a una unidad de caballería con infantería, a no ser que esta no tenga escapatoria. En fin, son conceptos básicos que nos permiten posicionar nuestras unidades de la mejor manera posible para explotar una acción en un momento determinado. Sin embargo, cuando se plantea una acción de ataque o defensa es cuando hay que pensar sensatamente cuáles son varios factores.
En primer lugar, y poniendo el ejemplo de un ataque, habría que pararse a pensar cómo vamos a efectuarlo y sus posibles consecuencias, tanto si tiene éxito como si, desgraciadamente, fracasa. Habría que preguntarse ¿con qué tipo de tropa voy a realizar el ataque? ¿es superior, igual o inferior a mi adversario? ¿tengo el apoyo de unidades próximas...? Son todo preguntas con las que vale la pena gastar unos minutos y analizar bien la situación. En mi opinión, es mejor reunir el máximo de factores favorables antes que realizar una carga a las bravas, en la que el factor azar resulta mayor.
Por ejemplo, tenemos una solitaria unidad de tipo A (según nuestras categorías, de élite) que tiene enfrente una línea sólida línea de tropas C (fogueadas, en este caso). Podríamos cargar contra una de ellas con la esperanza de abrir un hueco y desbaratar la línea de defensa, ya que somos muy machotes y no le tenemos miedo a nada. Sin embargo, si comenzamos a sumar los factores, nos damos cuenta que si ganamos es por poco (más tentación para la suerte del dado): Por el ímpetu de cargar la primera vez, por la veteranía, pero poco más. Sin embargo el contrario también tiene que tirar un dado y, probablemente, tenga apoyos de unidades amigas a uno o ambos flancos, con lo cual las ventajas previas de una carga se anularían, dejando más espacio al azar del dado. Si la cagamos con el dichoso dado, podemos vernos en un aprieto serio...
Mi consejo es que no nos dejemos cegar por la potencia de las tropas, sino que busquemos ayudarlas al máximo, y ello implica proporcionar apoyos siempre que se pueda, tanto para el ataque cómo para la defensa. También implica buscar el tipo de formación adecuada para cada ocasión (línea, columna, escaramuza o cuadro), según la necesidad, si pretendes atacar cuerpo a cuerpo o al disparo. Nunca realizar cargas aisladas suicidas que no suelen conducir a buen puerto. Calcular bien las distancias, que puede ayudar a que tú estés en distancia corta para disparar y el adversario no, o que tengas distancia suficiente para realizar una carga... Todo para mitigar el factor suerte, que siempre está presente.
Y esto es válido igualmente para la defensa. Protege tus tropas podría ser una buena máxima. Proporciona apoyos a las unidades que puedan recibir ataques. Busca mantener una reserva que pueda actuar en el foco de mayor presión.
Todo ello no es garantía de éxito, pero contribuye a que las cosas salgan bien. Aún recuerdo con dolor una situación en la que dos columnas mías de infantería francesa napoleónica veterana, apoyándose la una con la otra, pretendía atacar a dos unidades portuguesas (pobrecicas, pensé) que estaban en línea. Mis factores eran mejores, mi primera carga me daba bonificación y el apoyo de ambas también. Auguraba un éxito casi seguro. Sin embargo, un 1 maldito en mi dado era respondido por un magnífico 10 del contrario, que hacía retroceder a mis sufridos franceses y echaba al traste todo el ataque. Es verdad, todo esto no es garantía de éxito, pero es que a mi la Dea Fortuna me deja tirado en más de una ocasión.
Jode perder una batalla, pero cuando la pierdes pese a haber hecho bien las cosas jode aún más.
No olvidemos estos detalles, y yo el primero. A veces nos dejamos llevar por el entusiasmo o la excitación del momento y no obtenemos los resultados mejores. Y, la verdad es que el azar sigue estando muy presente... Pese lo que hagamos.
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