
El punto de partida de la batalla fue el histórico, teniendo a los imperiales de Del Vasto y Frundberg entrando por la brecha de la muralla del parque, y a Leyva en el interior de Pavía, asediado por las tropas de Montmorency y D'Alençón, mientras que los suizos de Flourance y el grueso del ejército de Francisco I de Francia hacían frente a los imperiales que llegaban.
La lucha no se hizo esperar. Los exploradores enviados por Francisco I al bosque para localizar a las tropas imperiales fueron inmediatamente liquidados por la vanguardia imperial, mientras que las caballerías imperiales enviadas al flanco donde se encontraba Flourance pronto se vieron envueltas en feroces combates con la caballería ligera de los franceses. Como regla de escenario, se había limitado la actuación del grueso de los franceses a cargo de Francisco I, que no podía comenzar a mover hasta el quinto turno, pero gracias al sacrificio de los stradiotes de la caballería ligera, pronto pude comenzar a disparar los cañones, que no se encontraban sujetos a esta norma. Del mismo modo, y ya en el segundo turno, envié mensajeros a las tropas de Montmorency para que abandonaran el sitio a la ciudad y acudieran prestos a combatir y apoyar el flanco de los suizos de Flourance, el más susceptible de verse sobrepasado, ya que un fuerte contingente de caballería e infantería a cargo de Frundsberg se dirigía hacia él.
Por otro lado, a nadie escapaba la importancia del castillo de Mirabello, que para nosotros, como franceses, tenía doble importancia:
En primer lugar, estaba en el centro del campo de batalla y, evidentemente era un vínculo entre los dos flancos del ejército, además de ser un importante reducto que frenaría el avance imperial.
En segundo lugar, habíamos ocultado el bagaje detrás del castillo, fuera de la vista y el conocimiento de las tropas imperiales, quienes pensaron que se encontraría en el punto más evidente, el campamento del Rey.
Con todo ello, era de imperiosa necesidad ocuparlo y defenderlo a toda costa. A ello se dispusieron las tropas de Flourance, quienes pronto introdujeron una batería en su interior y una unidad de piqueros suizos para llevar a cabo su defensa, confiando en la pronta llegada de las tropas de Montmorency, desde Pavía, y del Rey desde la izquierda del castillo. Pronto, ese punto del campo de batalla también se trasformó en un duro enfrentamiento, ya que las tropas del Rey francés llegaron a tiempo de apoyar a los suizos frente a las acometidas imperiales y relevarlos como guarnición del castillo.
Mientras tanto, desde el lado de Francisco I, un fuerte contingente de lansquenetes se dirigía al campamento francés en busca del rey y sus tropas. Como el verdadero problema lo teníamos en el lado de los suizos, envié rápidamente toda la caballería pesada, la Gendarmerie, hacia ese flanco, mientras que dejé a la Banda Negra (lansquenetes renegados) y la caballería ligera para ocuparse de la infantería que avanzaba a grandes pasos. Pronto aquello se transformaría en otro importante foco de feroces combates...
La acción nos trasladaba ahora a la zona de Pavía, donde las tropas de Montmorency abandonaban el cerco de la ciudad para hacer una marcha rápida a través del camino que atravesaba las marismas, con el fin de llegar en apoyo de los suizos en nuestro flanco derecho. Prestamente, las tropas formaron columnas de marcha y comenzaron a enfilar hacia la zona de conflicto. La respuesta no se hizo esperar y Leyva, gallardamente, hizo una salida para neutralizar la marcha de estas tropas en apoyo de Flourance. Allí, las tropas de Montmorency dejaron una unidad
rezagada para frenar a Leyva, mientras que el resto continuaba con su marcha. Por otro lado, D'Alençón abandonaba sus trincheras y acudía en ayuda de la infantería de Montmorency, intentando atacar de flanco a las tropas de Leyva, que se batían con fiera bravura. Otro nuevo foco de combates.
Con todo ello, el desgaste en ambos ejércitos comenzaba a ser considerable, ya que si bien los imperiales obtenían la victoria en el campamento francés, aniquilando a la Banda Negra tras duros combates, los franceses comenzabamos a vislumbrar la victoria en el centro y flanco derecho, ante la desbandada de los lansquenetes de Frundsberg, quienes no pudieron soportar la presión y comenzaban a retirarse hacia el bosque frente al castillo de Mirabello. La caballería pesada francesa y la caballería española mantenían un rifirrafe en el flanco derecho, en el cual los franceses manteníamos una fuerte presión que amenazaba con disgregar a las tropas imperiales.
La pugna en el área de Pavía se mantenía igualmente feroz, sin decantarse por uno u otro. Cargas y contracargas se sucedían, mientras todos éramos conscientes que la ruptura del equilibrio en uno u otro foco sería el fin para uno de los dos ejércitos. ¡A ese nivel de igualdad se estaba llegando!¡Impresionante!.
La emoción llegaba a puntos álgidos, donde el conseguir una iniciativa podía significar el alcanzar la victoria, que finalmente cayó en manos imperiales, quienes consiguieron, tras agónicos turnos de no obtener ninguna, alcanzar la ansiada iniciativa que les permitió obtener la supremacía en el flanco izquierdo francés. Las tropas imperiales que operaban en ese flanco bordearon y amenazaron con sitiar el castillo de Mirabello y se hicieron finalmente con el bagaje, decantando la balanza a su favor. A los franceses no nos quedó más que aceptar la victoria imperial, orgullosos de haber vendido cara la piel.
Una de las mejores batallas que he jugado hasta el momento. Todos luchamos, creo, con bravura y tesón, siendo una de las batallas en las que más me he emocionado recreándola. El listón se ha puesto muy alto.
Veremos la siguiente, que creo que toca de la campaña, y sobre ésta no quiero pronunciarme hasta que tengamos algo más definido.
Hasta la próxima...

Por otro lado, a nadie escapaba la importancia del castillo de Mirabello, que para nosotros, como franceses, tenía doble importancia:
En primer lugar, estaba en el centro del campo de batalla y, evidentemente era un vínculo entre los dos flancos del ejército, además de ser un importante reducto que frenaría el avance imperial.
En segundo lugar, habíamos ocultado el bagaje detrás del castillo, fuera de la vista y el conocimiento de las tropas imperiales, quienes pensaron que se encontraría en el punto más evidente, el campamento del Rey.
Con todo ello, era de imperiosa necesidad ocuparlo y defenderlo a toda costa. A ello se dispusieron las tropas de Flourance, quienes pronto introdujeron una batería en su interior y una unidad de piqueros suizos para llevar a cabo su defensa, confiando en la pronta llegada de las tropas de Montmorency, desde Pavía, y del Rey desde la izquierda del castillo. Pronto, ese punto del campo de batalla también se trasformó en un duro enfrentamiento, ya que las tropas del Rey francés llegaron a tiempo de apoyar a los suizos frente a las acometidas imperiales y relevarlos como guarnición del castillo.

Mientras tanto, desde el lado de Francisco I, un fuerte contingente de lansquenetes se dirigía al campamento francés en busca del rey y sus tropas. Como el verdadero problema lo teníamos en el lado de los suizos, envié rápidamente toda la caballería pesada, la Gendarmerie, hacia ese flanco, mientras que dejé a la Banda Negra (lansquenetes renegados) y la caballería ligera para ocuparse de la infantería que avanzaba a grandes pasos. Pronto aquello se transformaría en otro importante foco de feroces combates...


Con todo ello, el desgaste en ambos ejércitos comenzaba a ser considerable, ya que si bien los imperiales obtenían la victoria en el campamento francés, aniquilando a la Banda Negra tras duros combates, los franceses comenzabamos a vislumbrar la victoria en el centro y flanco derecho, ante la desbandada de los lansquenetes de Frundsberg, quienes no pudieron soportar la presión y comenzaban a retirarse hacia el bosque frente al castillo de Mirabello. La caballería pesada francesa y la caballería española mantenían un rifirrafe en el flanco derecho, en el cual los franceses manteníamos una fuerte presión que amenazaba con disgregar a las tropas imperiales.
La pugna en el área de Pavía se mantenía igualmente feroz, sin decantarse por uno u otro. Cargas y contracargas se sucedían, mientras todos éramos conscientes que la ruptura del equilibrio en uno u otro foco sería el fin para uno de los dos ejércitos. ¡A ese nivel de igualdad se estaba llegando!¡Impresionante!.
La emoción llegaba a puntos álgidos, donde el conseguir una iniciativa podía significar el alcanzar la victoria, que finalmente cayó en manos imperiales, quienes consiguieron, tras agónicos turnos de no obtener ninguna, alcanzar la ansiada iniciativa que les permitió obtener la supremacía en el flanco izquierdo francés. Las tropas imperiales que operaban en ese flanco bordearon y amenazaron con sitiar el castillo de Mirabello y se hicieron finalmente con el bagaje, decantando la balanza a su favor. A los franceses no nos quedó más que aceptar la victoria imperial, orgullosos de haber vendido cara la piel.
Una de las mejores batallas que he jugado hasta el momento. Todos luchamos, creo, con bravura y tesón, siendo una de las batallas en las que más me he emocionado recreándola. El listón se ha puesto muy alto.
Veremos la siguiente, que creo que toca de la campaña, y sobre ésta no quiero pronunciarme hasta que tengamos algo más definido.
Hasta la próxima...
Comentarios