
Como dije en la anterior entrada, este pasado fin de semana celebramos la batalla de Sagunto, ocurrida el 25 de noviembre de 1811, en la cual se enfrentaron el ejército invasor francés al mando de Suchet y el ejército español bajo el mando de D. Joaquín Blake.
En esta ocasión nuestro escenario había sido preparado por Javi, quién magistralmente hizo la distribución de tropas y eligió quién sería quién en cada bando. Por parte francesa se encontraban José Luis como comandante en jefe, siendo sus subordinados Juan, Jose y José Antonio. Por nuestra parte estábamos Frank como el Generalísimo Blake, Manolo como Zayas, Vicente como Lardizabal y yo mismo como O'Donnell.
En las reunión previa a la batalla trazamos un plan que tenía visos de funcionar. La mente fria y calculadora de nuestro eficaz comandante en jefe propuso una maniobra doble.
A saber: Mientras que el flanco izquierdo nuestro (donde yo me encontraba) realizaba una maniobra de avance hacia la colina dels Hostalets para atraer el máximo número de tropa posible, el centro avanzaría igualmente para tomar la aldea de Hostalet y ejercer desde allí una presión efectiva sobre el avance francés.

Del mismo modo, el flanco derecho,en torno a Puçol, y a todos los efectos el más fuerte en cuanto a la calidad de tropas concentradas, se mantendría a la espera para hacer creer al enemigos una intención mantenerse a la defensiva.
Si todo iba bien, el plan tenía que transcurrir del modo siguiente: una vez el máximo de tropas hubiera picado el anzuelo de nuestro flanco izquierdo, el flanco derecho saldría de Puçol para acosar el desguarnecido flanco francés y destruirlo mientras avanzaba hacia su retaguardia. A su vez, mis tropas, es decir el Ejército de Valencia, pronto recibiría los refuerzos del Ejército de Murcia, que entraría por esa zona en un turno indeterminado, lo cual supondría un alivio en caso de presión francesa, con lo cual, podríamos hacer mucho daño a los franceses.
Con ello, comenzamos la batalla, decididos a hacer un buen papel en la contienda.
Pronto se vio que el plan iba bien. Los franceses parecían picar y comenzaron a desviar tropas hacia mi flanco, que parecía bastante jugoso, ya que no les era desconocido que gran parte de mis efectivos resultaban ser milicia con pobre preparación.
Mis órdenes fijaban también la toma de la colina frente a nosotros, para luego abandonarla e ir reculando para engatusar a más tropas francesas. Sin embargo, esa parte fue imposible de llevar a cabo, ya que hasta el tercer turno no podía comenzar a mover mis unidades, y los franceses, con una rapidez pasmosa, pronto se pusieron en la cima de la colina, pese a que una batería a caballo de Vicente les hizo frente y incluso yo mismo conseguí subir dos unidades de infantería ligera, que lamentablemente fueron desbandadas con celeridad.

De este modo, parecía ir todo conforme a lo planeado. Yo, en vista de que los franceses avanzaban con cautela, pero sin pausa, comenzaba a retirarme, mientras que a la vez que la caballería francesa hacía su aparición, también lo hacía el ejército de Murcia, que pronto comenzaba a tomar posiciones. Sin embargo, todo comenzó a torcerse aquí, ya que la caballería cargó sobre las tropas de Murcia, que pagaron con dureza su bisoñez. Pese a hacer cuadros defensivos con presteza, no pudieron evitar ser desbandados, para consternación de Frank, que perdía un punto de concentración sobre el verdadero objetivo, el flanco derecho nuestro, donde la lucha se hacía con rigor pero donde comenzaban a triunfar las armas españolas.
Así es. Las tropas de Zayas y Lardizábal habían salido de sus posiciones iniciales y presionaban con eficacia a los franceses, haciendo verdadera mella entre sus unidades. El momento clave de la batalla fue en el que la división de Palombini, a cargo de Juan, recibió un duro castigo que concluyó en una huida generalizada de sus tropas. Sin embargo este desastre no fue convenientemente explotado, dado que la caballería de Caro se encontraba retrasada y no pudo rematar el trabajo que había realizado la infantería.
Con ello, los combates en uno y otro sector se repetían, siendo nuestro flanco izquierdo el más castigado, pese a que las tropas bisoñas se comportaron con eficacia, causando bajas y protegiendo de los disparos a los batallones más veteranos en reserva, a la vez que reculaban.
Sin embargo, la victoria se nos escapaba de las manos, al resistir los franceses el ataque de Zayas, Lardizábal y Caro, mientras que el flanco derecho se desangraba poco a poco, a medida que acudían más y más franceses.
Finalmente, la destrucción sistemática de los ejércitos de Murcia y Valencia ponía fin a una batalla en la que, pese al mal sabor de boca de haber perdido con un buen plan que a punto estuvo de salir bien, me siento orgulloso de haber peleado por parte de los españoles, quienes con tropas de baja calidad supieron hacer frente a un ejército muy superior en calidad de tropa a la nuestra. Además coincide que he estado últimamente leyendo los Episodios Nacionales de D. Benito Pérez Galdós, concretamente la primera serie, de la Guerra de Independencia y me encontraba especialmente sensible respecto a las tropas españolas.
La conclusión es que luchamos bien, pero no lo suficiente. Otra vez será...
La nota la pusieron los comandantes en jefe de ambos mandos, que ambientaron a la perfección el evento. Para muestra, un botón: he aquí un magnífico Suchet / José Luis, en pose gloriosa.

La rendición, pese a ser amarga, no dejó de tener su humor:

En esta ocasión nuestro escenario había sido preparado por Javi, quién magistralmente hizo la distribución de tropas y eligió quién sería quién en cada bando. Por parte francesa se encontraban José Luis como comandante en jefe, siendo sus subordinados Juan, Jose y José Antonio. Por nuestra parte estábamos Frank como el Generalísimo Blake, Manolo como Zayas, Vicente como Lardizabal y yo mismo como O'Donnell.
En las reunión previa a la batalla trazamos un plan que tenía visos de funcionar. La mente fria y calculadora de nuestro eficaz comandante en jefe propuso una maniobra doble.
A saber: Mientras que el flanco izquierdo nuestro (donde yo me encontraba) realizaba una maniobra de avance hacia la colina dels Hostalets para atraer el máximo número de tropa posible, el centro avanzaría igualmente para tomar la aldea de Hostalet y ejercer desde allí una presión efectiva sobre el avance francés.

Del mismo modo, el flanco derecho,en torno a Puçol, y a todos los efectos el más fuerte en cuanto a la calidad de tropas concentradas, se mantendría a la espera para hacer creer al enemigos una intención mantenerse a la defensiva.
Si todo iba bien, el plan tenía que transcurrir del modo siguiente: una vez el máximo de tropas hubiera picado el anzuelo de nuestro flanco izquierdo, el flanco derecho saldría de Puçol para acosar el desguarnecido flanco francés y destruirlo mientras avanzaba hacia su retaguardia. A su vez, mis tropas, es decir el Ejército de Valencia, pronto recibiría los refuerzos del Ejército de Murcia, que entraría por esa zona en un turno indeterminado, lo cual supondría un alivio en caso de presión francesa, con lo cual, podríamos hacer mucho daño a los franceses.
Con ello, comenzamos la batalla, decididos a hacer un buen papel en la contienda.
Pronto se vio que el plan iba bien. Los franceses parecían picar y comenzaron a desviar tropas hacia mi flanco, que parecía bastante jugoso, ya que no les era desconocido que gran parte de mis efectivos resultaban ser milicia con pobre preparación.
Mis órdenes fijaban también la toma de la colina frente a nosotros, para luego abandonarla e ir reculando para engatusar a más tropas francesas. Sin embargo, esa parte fue imposible de llevar a cabo, ya que hasta el tercer turno no podía comenzar a mover mis unidades, y los franceses, con una rapidez pasmosa, pronto se pusieron en la cima de la colina, pese a que una batería a caballo de Vicente les hizo frente y incluso yo mismo conseguí subir dos unidades de infantería ligera, que lamentablemente fueron desbandadas con celeridad.

De este modo, parecía ir todo conforme a lo planeado. Yo, en vista de que los franceses avanzaban con cautela, pero sin pausa, comenzaba a retirarme, mientras que a la vez que la caballería francesa hacía su aparición, también lo hacía el ejército de Murcia, que pronto comenzaba a tomar posiciones. Sin embargo, todo comenzó a torcerse aquí, ya que la caballería cargó sobre las tropas de Murcia, que pagaron con dureza su bisoñez. Pese a hacer cuadros defensivos con presteza, no pudieron evitar ser desbandados, para consternación de Frank, que perdía un punto de concentración sobre el verdadero objetivo, el flanco derecho nuestro, donde la lucha se hacía con rigor pero donde comenzaban a triunfar las armas españolas.
Así es. Las tropas de Zayas y Lardizábal habían salido de sus posiciones iniciales y presionaban con eficacia a los franceses, haciendo verdadera mella entre sus unidades. El momento clave de la batalla fue en el que la división de Palombini, a cargo de Juan, recibió un duro castigo que concluyó en una huida generalizada de sus tropas. Sin embargo este desastre no fue convenientemente explotado, dado que la caballería de Caro se encontraba retrasada y no pudo rematar el trabajo que había realizado la infantería.
Con ello, los combates en uno y otro sector se repetían, siendo nuestro flanco izquierdo el más castigado, pese a que las tropas bisoñas se comportaron con eficacia, causando bajas y protegiendo de los disparos a los batallones más veteranos en reserva, a la vez que reculaban.
Sin embargo, la victoria se nos escapaba de las manos, al resistir los franceses el ataque de Zayas, Lardizábal y Caro, mientras que el flanco derecho se desangraba poco a poco, a medida que acudían más y más franceses.
Finalmente, la destrucción sistemática de los ejércitos de Murcia y Valencia ponía fin a una batalla en la que, pese al mal sabor de boca de haber perdido con un buen plan que a punto estuvo de salir bien, me siento orgulloso de haber peleado por parte de los españoles, quienes con tropas de baja calidad supieron hacer frente a un ejército muy superior en calidad de tropa a la nuestra. Además coincide que he estado últimamente leyendo los Episodios Nacionales de D. Benito Pérez Galdós, concretamente la primera serie, de la Guerra de Independencia y me encontraba especialmente sensible respecto a las tropas españolas.
La conclusión es que luchamos bien, pero no lo suficiente. Otra vez será...
La nota la pusieron los comandantes en jefe de ambos mandos, que ambientaron a la perfección el evento. Para muestra, un botón: he aquí un magnífico Suchet / José Luis, en pose gloriosa.

La rendición, pese a ser amarga, no dejó de tener su humor:

Comentarios
Suchet
Chapeau a los españoles, que lucharon muy bien.
En tercer lugar un breve comentario táctico: a mi modesto modo de ver,si en el turno en que la caballería francesa ya ha cruzado el barranco y sólo quedaba Palombini en su izquierda el español presiona a fondo con Zayas+Lardizábal+Caro en lugar de maniobrar inútilmente buscando el fondo y reservar incomprensiblemente a su única caballería decente,habría ganado la partida.Así de claro.Además,creo que tuvieron tiempo suficiente para formar a Murcia y Valencia (un flanco claramente para contemporizar)en algo más parecido a una línea de defensa en lugar de recibir a la alborozada caballería de Boussard uno de culo,otro en cuadro,otro corriendo hacia la derecha... En definitiva,felicidades a todos los jugadores,a los españoles por idear un buen plan que a la postre no supieron aprovechar por falta de decisión y a los franceses por ganar casi sin querer una partida en la que las podían haber pasado canutas(IMHO).
Javi
Suchet
Maestro en fé
P.D.- Seguimos en la línea de una escena de una pelicula de Tarantino.
La verdad es que coincido con Javi en que las posibilidades de salvación del flanco derecho español consistían en mantenerse firmes en lineas, e ir retrocediendo poco a poco conforme fuese posible, cosa que hasta la llegada de los murcianos, fue haciéndose así.
La llegada del ejército de Murcia hubiera podido mantener esta situación, pero el hecho de buscar desesperadamente hacer cuadros, en lugar de protegerse junto a los batallones valencianos y protegerlos a su vez a ellos precipitó que nos viéramos abocados ahí a ser derrotados.
Por otro lado, la precipitación en la que se mandó enviar tropas a Puçol a todo correr desde la zona de conflicto debilitaba sensiblemente nuestra resistencia allí.
Si a esta situación de desbarajuste añadimos que, en efecto, se hubiese presionado más con la caballería sobre Palombini, ¡que llegó a ver sus unidades desbandadas!, al menos las bofetadas que nos daban en el flanco derecho hubiesen servido para algo.
En fin, lo dicho. Me jode haber perdido esta batalla porque creo que el plan era acertado y que se estaba llevando a cabo con bastante precisión. Bueno, otra vez será...