La verdad es que viendo la batalla original, no albergaba excesivas ilusiones respecto a esta recreación. Me había tocado en el bando griego y las cosas pintaban un tanto feas: los mandos cada uno por su lado, representando la descoordinación de las diferentes ciudades griegas; las tropas, no especialmente buenas, sobre todo cuando se ponen cara a cara contra las falanges macedonias; la abrumadora superioridad de la caballería macedonia, en cuanto a calidad y cantidad. Vaya, todo hacía presagiar que pronto nos iríamos a cenar, que la batala no duraría mucho. Y precisamente por todos estos factores, resultaba especialmente atractivo el bando griego, porque ya que parece que todo está ya dicho y hay poco que hacer, bueno pues presentemos una bonita batalla. Y precisamente eso hicimos.
El planteamiento táctico de la batalla era de común acuerdo entre los tres que componíamos el grupo: había que obligar a las falanges a que se separasen y evitar que nos contactaran, mientras que nosotros iríamos a buscar los flancos más vulnerables (si nos dejaban). Todo dependía de la disposición del despliegue que nos presentasen. El bando macedonio hizo tres bloques, dos de falanges, en su ala derecha y centro, y el tercero, de hoplitas mercenarios e hispapistas con Filipo II, en el ala izquierda, justo frente a mí, que tenía a cargo al contingente ateniense. Así, nuestro plan definitivo se plasmó en dos premisas: primera, evitar el contacto en nuestra ala izquierda y centro, y segunda, desarrollar un fuerte ataque en el ala derecha, para abrir brecha por ahí.
¡Brutal!. Por ambas partes sabíamos qué debíamos hacer y así se hizo. Lejos de ser una batalla corta, se convirtió en una intensa contienda, con focos de tensión en todo el frente. Combatimos con ardor buscando siempre la brecha, resistiendo heróicamente en las alas ataques de flanco, de retaguardia, atacando nosotros con tesón con hoplitas, peltastas, caballería. El punto álgido de la batalla fue el que tuvo como protagonista a Filipo II, quien se vió implicado en pleno combate, realmente luchando por su propia vida. De haber alcanzado la iniciativa el turno subsiguiente, la ficticia Queronea podía haber hecho cambiar la historia, ¡ya que hubiese caido en mis manos el mismísimo rey de Macedonia!.
No pudo ser así y,tras disgregarse dos de los tres cuerpos con los que contábamos, decidimos que había llegado el momento de dejarlo. Ya habíamos hecho bastante y habíamos tenido alguna opción de victoria muy cercana. Una batalla memorable, como lo fue el escenario que montó Manolo, con la ciudadela de Queronea, las marismas y las miniaturas, realmente excepcionales.
Pronto, las fotos.
El planteamiento táctico de la batalla era de común acuerdo entre los tres que componíamos el grupo: había que obligar a las falanges a que se separasen y evitar que nos contactaran, mientras que nosotros iríamos a buscar los flancos más vulnerables (si nos dejaban). Todo dependía de la disposición del despliegue que nos presentasen. El bando macedonio hizo tres bloques, dos de falanges, en su ala derecha y centro, y el tercero, de hoplitas mercenarios e hispapistas con Filipo II, en el ala izquierda, justo frente a mí, que tenía a cargo al contingente ateniense. Así, nuestro plan definitivo se plasmó en dos premisas: primera, evitar el contacto en nuestra ala izquierda y centro, y segunda, desarrollar un fuerte ataque en el ala derecha, para abrir brecha por ahí.
¡Brutal!. Por ambas partes sabíamos qué debíamos hacer y así se hizo. Lejos de ser una batalla corta, se convirtió en una intensa contienda, con focos de tensión en todo el frente. Combatimos con ardor buscando siempre la brecha, resistiendo heróicamente en las alas ataques de flanco, de retaguardia, atacando nosotros con tesón con hoplitas, peltastas, caballería. El punto álgido de la batalla fue el que tuvo como protagonista a Filipo II, quien se vió implicado en pleno combate, realmente luchando por su propia vida. De haber alcanzado la iniciativa el turno subsiguiente, la ficticia Queronea podía haber hecho cambiar la historia, ¡ya que hubiese caido en mis manos el mismísimo rey de Macedonia!.
No pudo ser así y,tras disgregarse dos de los tres cuerpos con los que contábamos, decidimos que había llegado el momento de dejarlo. Ya habíamos hecho bastante y habíamos tenido alguna opción de victoria muy cercana. Una batalla memorable, como lo fue el escenario que montó Manolo, con la ciudadela de Queronea, las marismas y las miniaturas, realmente excepcionales.
Pronto, las fotos.





