23 de diciembre de 2007

Queronea desde el bando griego

La verdad es que viendo la batalla original, no albergaba excesivas ilusiones respecto a esta recreación. Me había tocado en el bando griego y las cosas pintaban un tanto feas: los mandos cada uno por su lado, representando la descoordinación de las diferentes ciudades griegas; las tropas, no especialmente buenas, sobre todo cuando se ponen cara a cara contra las falanges macedonias; la abrumadora superioridad de la caballería macedonia, en cuanto a calidad y cantidad. Vaya, todo hacía presagiar que pronto nos iríamos a cenar, que la batala no duraría mucho. Y precisamente por todos estos factores, resultaba especialmente atractivo el bando griego, porque ya que parece que todo está ya dicho y hay poco que hacer, bueno pues presentemos una bonita batalla. Y precisamente eso hicimos.
El planteamiento táctico de la batalla era de común acuerdo entre los tres que componíamos el grupo: había que obligar a las falanges a que se separasen y evitar que nos contactaran, mientras que nosotros iríamos a buscar los flancos más vulnerables (si nos dejaban). Todo dependía de la disposición del despliegue que nos presentasen. El bando macedonio hizo tres bloques, dos de falanges, en su ala derecha y centro, y el tercero, de hoplitas mercenarios e hispapistas con Filipo II, en el ala izquierda, justo frente a mí, que tenía a cargo al contingente ateniense. Así, nuestro plan definitivo se plasmó en dos premisas: primera, evitar el contacto en nuestra ala izquierda y centro, y segunda, desarrollar un fuerte ataque en el ala derecha, para abrir brecha por ahí.
¡Brutal!. Por ambas partes sabíamos qué debíamos hacer y así se hizo. Lejos de ser una batalla corta, se convirtió en una intensa contienda, con focos de tensión en todo el frente. Combatimos con ardor buscando siempre la brecha, resistiendo heróicamente en las alas ataques de flanco, de retaguardia, atacando nosotros con tesón con hoplitas, peltastas, caballería. El punto álgido de la batalla fue el que tuvo como protagonista a Filipo II, quien se vió implicado en pleno combate, realmente luchando por su propia vida. De haber alcanzado la iniciativa el turno subsiguiente, la ficticia Queronea podía haber hecho cambiar la historia, ¡ya que hubiese caido en mis manos el mismísimo rey de Macedonia!.
No pudo ser así y,tras disgregarse dos de los tres cuerpos con los que contábamos, decidimos que había llegado el momento de dejarlo. Ya habíamos hecho bastante y habíamos tenido alguna opción de victoria muy cercana. Una batalla memorable, como lo fue el escenario que montó Manolo, con la ciudadela de Queronea, las marismas y las miniaturas, realmente excepcionales.
Pronto, las fotos.

Después de Queronea

Mi sobrino Demócrito me pregunta si estoy inquieto. No hay razón alguna para estarlo. Si te refieres, Demócrito, a la llegada a la corte de Susa de la noticia de la victoria de Filipo en esa batalla, ¿cómo se llamaba?, Queronea, gracias, sobrino, no hay de que preocuparse. La corte de Susa anda preocupada, eso sí es verdad, tal como me cuenta mi amigo Artobarzanes, pero ninguno de sus habituales parásitos ha ido más allá de los muros de la ciudad. Lo que conocen de los griegos les llega por boca de aquellos griegos que comen cada día a costa del rey de reyes, y que han sido expulsados de su ciudad.
Demócrito, siempre te recuerdo que cuando fui embajador del gran rey en Atenas, hace ya muchos años, aproveché el tiempo y viajé por casi toda Grecia. ¿Quieres que te diga cómo son los griegos? Son pendencieros, tramposos, filibusteros y el pueblo más amante de los "dáricos" que conozco, no he visto nunca una civilización tan corrompida y pagada de sí misma como la griega. En resumen, Demócrito, son un atajo de pastores y campesinos hambrientos.
Demócrito me dice que ese Filipo debe ser un gran rey. Debes saber que sólo hay un gran rey, el rey de reyes Darío, ese Filipo es un harapiento pastor de las montañas macedonias que se cree destinado a la gloria. Persia es un imperio que llega a los confines de la India, y más le valdría olvidarse de Occidente y de su trigo podrido y estrechar lazos con los reinos de Catay.
Demócrito me pregunta por qué no temo a los griegos. Yo le respondo que, para tranquilidad de Persia, nunca se pondrán de acuerdo, y si lo hacen, volveremos a comprarlos para que se enzarcen en luchas fratricidas. Siempre ha sido así.
Ciro.

21 de diciembre de 2007

Vive l'Empereur!

Aquí os dejo unas fotillos de las últimas miniaturas que he pintado, un regimiento de la Guardia Media de Napoleón. Con estos doy comienzo a mi colección de franceses de la época. A ver hasta donde llego.



Fijaos en la miniatura del sargento rechoncho, que es muy interesante. La verdad es que he disfrutado pintándolas, ya que son miniaturas de factura muy limpia y definida. Bueno, os dejo con las fotos.

20 de diciembre de 2007

La batalla de Stalingrado

Me gustaría hacer un breve comentario sobre el último libro que he leído. Se trata de "La batalla de Stalingrado", de William Craig. Aunque parezca mentira ha sido mi segunda incursión en un trabajo de investigación sobre una batalla concreta (mi primera lectura en este género fue "El día de los bárbaros", de Alessandro Barbero, imprescindible). El libro me ha impresionado enormemente, por su amenidad (a pesar de estar redactado casi como un diario de guerra), por su exactitud histórica (la tarea investigadora del autor es ingente) y por su humanidad. Y digo humanidad porque el relato de la batalla se convierte en un relato en el que los seres humanos luchan por su supervivencia, y el autor va más allá de esos protagonistas que pasan a la historia, Paulus, Chuikov, Yeremenko o Von Manstein, y nos hace vivir como si estuviéramos allí el frío intenso, el hambre y el miedo de cada soldado alemán atrapado en el kessel de Stalingrado. Sufrimos con Emil, con Karl, con Gerhard, pero también con Vasili, Tania o Gurewicz. Y asistimos perplejos a la consciente aniquilación de todo un ejército (el VI) por la tozudez del incompetente Hitler que no quiere otro "Verdún". Por el lado soviético, Stalin hace y deshace a su antojo y todos los generales son simples peones a su servicio.

La batalla de Stalingrado es el comienzo del fin de la Werhmacht y la constatación, de nuevo, de que el invierno en la estepa rusa es siempre el mejor aliado para un ejército que sea vea invadido por el oeste.
Espero que en el nuevo año podamos recrear algún enfrentamiento germano-soviético en el frente oriental durante la II Guerra Mundial.

19 de diciembre de 2007

¡¡Ah, la Navidad!!

¡Vaya fechas estas!. Entre turrones y mantecados, compromisos familiares y prisas de última hora en el trabajo la verdad es que se hace complicado llegar a plantearse hacer una batalla o liarse a pintar, ya que cuando no es una cosa es otra y, si tienes un hueco para pegar unas pinceladas, se te evapora como humo cuando recuerdas que has de salir para acabar de hacer alguna que otra compra navideña (los reyes de los niños, por ejemplo, ¡aunque esta tarea mola!).
En fin, a pesar de todo ello, este fin de semana jugaremos Queronea y, a fe mía que creo que nos ha tocado bailar con la más fea: llevamos a los griegos en una situación que es francamente complicada. No obstante, creo que algo podremos hacer, al menos ponerlo difícil y dar una buena batalla.
Y, por otro lado, y a pesar de las dificultades navideñas, también he sacado tiempo (poco) para poder pintar un regimiento de la Guardia Media de Napoleón, que cayó en mis manos gracias a mi amigo Frank, y que da comienzo a mi nueva colección de infantería francesa del período. Espero poneros unas fotillos pronto, sobretodo de una miniaturas del grupo en concreto, con la que realmente he disfrutado pintándola. Vosotros juzgareis si es o no estupenda.
No espero hacer la Grande Armée, pero si que cuento con hacer una o dos divisiones con algo de caballería y artillería para tener algo que enfrentar de forma autosuficiente contra mis ingleses.
Ello me lleva a hacer una serie de inevitables propósitos para el nuevo año:
a) Hacer un contingente importante de austríacos de las guerras napoleónicas, para combinarlos con los de Frank y poder llevar a cabo la batalla de Eckmhül o alguna otra de la época, ya que en el club estamos escasos de estas tropas. Esta tarea ya la he comenzado.
b) Franceses. Vamos allá, a ver qué podemos hacer. De momento ya los he empezado.
c) Acabar con las minis que me quedan por pintar de Antigüedad. Me faltan algunos celtas por pintar, unas caballerías ibéricas, unos cartagineses y unos piqueros helenísticos (quizás para comenzar con un ejército de Pirro)
d) Retomar el tema de los romanos de época tardía (ss. IV y V d.C), que tengo a medias con Jose
e) ESCENOGRAFÍA. Necesito hacerme algunas cosillas más dentro del ámbito de las casas, campamentos, tiendas de campañas, etc...
Bueno, creo que son muchos proyectos para tan poco año, pero siempre es bueno proponerse metas. En fin, espero que al año que viene por estas fechas, puede decir que he acabado todo lo que me propuse.
FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO A TODOS

8 de diciembre de 2007

Otra batalla de Antigüedad

Cuando todavía resuena el entrechocar de armas mezclado con los gritos guerreros de romanos y cartagineses en la Hispania del siglo III a.C., otra batalla se vislumbra en el horizonte. Retrocedemos en el tiempo para vivir la batalla de Queronea, la que sostuvo Filipo II de Macedonia contra los ejércitos unidos de las ciudades de Tebas y Atenas, en el 338 a.C. Fue una decisiva victoria macedonia, en la que Alejandro, el hijo de Filipo, dirigió la caballería en el flanco izquierdo y destruyó al batallón sagrado de Tebas, flanco derecho del ejército aliado.
Después de este acontecimiento, las polis griegas se aliaron a Macedonia como estados tributarios, aunque conservando su independencia. Seguro que será una gran batalla.

2 de diciembre de 2007

Sangre en el Hiberus

"Los Dioses nos sonrieron esta vez. La balanza de la batalla se inclinó esta vez por Asdrúbal. En nuestro camino hacia los Pirineos, a la altura del oppidum de Hibera en territorio ilercavón, los romanos quisieron cortarnos el paso. Como una muralla se interpusieron frente a nosotros, dispuestos a no dejarnos pasar, confiando en que su firmeza y adiestramiento acabaría con nuestro ejército, de diverso origen y calidades.
Desplegaron en la disposición clásica romana, con los hastati delante, tras la primera línea de infantería ligera; tras los hastati, los principes, con sus cotas de malla y cascos empenachados, el orgullo de Roma. Junto a ellos, sus aliados latinos, en nada inferiores a los mismos romanos, ni en valor ni en equipamiento. Las alas estaban cubiertas por la caballería, tanto latina como romana, junto a un contingente de caballería nativa ibérica, aliada de los romanos. También contaban con unos 3.000 infantes ibéricos, un pequeño contingente que se puso al servicio de los romanos.

Asdrúbal dispuso sus tropas del siguiente modo: las alas estaban flanqueadas por la caballería, los ligeros numidas a la derecha, junto a una decena de elefantes, y la caballería pesada púnica y la más ligera ibérica, con sus jabalinas y falcatas. Junto a las alas de caballería y hacia el interior dispuso a los mercenarios libios a la izquierda y a los lanceros cartagineses, la flor y la nata de la ciudad de Kart-Hadtha. En el centro dispuso Asdrúbal a los duros iberos, queriendo emplear la táctica cartaginesa de envolvimiento de las alas.
A la falta de iniciativa de los Escipiones siguió el avance progresivo de las caballerías cartaginesas. La progresión de los numidas a nuestra derecha los fue acercando más y más a los jinetes romanos, contra quienes comenzaron a descargar sus proyectiles, sembrando la confusión entre jinetes y caballos. A ellos se sumaron los elefantes, quienes poco a poco llegaron al combate, cargando aquí, disparando allá, dispersándose, cuando no eran eliminadas las unidades romanas, pese a unos primeros éxitos contra los numidas.
Al nuestro flanco izquierdo el choque de las caballerías no tardó en llegar. Sin embargo, una rápida acción de Cneo Cornelio Escipión, quien desplazó a los triarii hacia la posible brecha consiguió estabilizar la situación, consiguiendo incluso eliminar a los elefantes.

Sin embargo, la sola acción de la caballería no conseguiría otorgarnos la victoria. Cuando fui consciente de la situación en las alas, galopé hacia Asdrúbal, quien observaba desde el centro para comunicarle que sería el momento adecuado para avanzar con la infantería y presionar a los romanos, quienes comenzaban a dar muestras de inquietud al ver una de sus alas completamente desecha.

Los cuerpos de lanceros libios y cartagineses avanzaron al unísono, mientras los iberos iban a la zaga, con la intención de servir como anzuelo para los romanos. Asdrúbal no quería comprometer el centro , sino que su intención era embolsar a los romanos atacándoles por los flancos.

La lucha fue reñida, muy disputada, ya que mientras que el flanco derecho cartaginés golpeaba con dureza a los romanos, abriendo brecha poco a poco, el flanco izquierdo se veía impotente al intentar derrotar la barrera de triarii que Cneo Cornelio Escipión había dispuesto. Demasiado duros los veteranos romanos para los mercenarios libios, quienes una y otra vez pugnaban por infringir una derrota que hiciera desmoronarse a los romanos.

Finalmente, el cerco se cerró para los romanos, que vieron impotentes como los cartagineses hacían desmoronarse al flanco izquierdo, poniendo en serio peligro el campamento en el cual se refugió Publio Cornelio Escipión. La última resistencia tuvo lugar en las empalizadas del mismo campamento, hostigado por los cartagineses, quienes finalmente se hicieron con él.
Tras el saqueo del mismo, y en posesión de tan ilustres prisioneros, continuaremos el camino hacia Italia.
Cuán diferente habría sido todo de haber sido derrotados en la batala de Hibera..."
Filocles de Kart-Hadtha